(Agenda foodservice global 2026)
2026 no será un mal año para el foodservice, pero sí uno muy exigente. Un consumidor que se bifurca cada vez más, márgenes que van a peor, reducción del espacio promocional y el turismo que ya no va a arrastrar como antes. Eso sí, lo que no cesan son las aperturas.
El 70% de los mensajes de CEOs de foodservice en presentaciones con analistas en 2025 se centró en iniciativas de crecimiento comercial. ¿A quién le extraña?
El mercado recuperó las ventas orgánicas entre Q1 y Q3 de 2025, impulsado casi en su totalidad por precios. Sin embargo, muy pocos operadores crecieron por encima de la inflación y el tráfico sigue perdido.
De cara a 2026, conversaciones de máquina de café:
Poder adquisitivo y confianza. En mercados como España, México o EE. UU., los ingresos reales se estabilizan, pero la confianza del consumidor sigue débil. Esto favorece (por ejemplo) el trasvase hacia “mercaurantes”, sobre todo en ocasiones funcionales.
Turismo. En Europa occidental, EE. UU. y Oriente Medio, el turismo sigue aportando demanda, pero el crecimiento se concentra en el viajero de mayor gasto. Esto impactará los conceptos de foodservice mainstream. La Copa del Mundo 2026 en EE. UU. generará picos puntuales, no un cambio estructural.
Clima. En el sur de Europa, las tendencias oficiales apuntan a más calor y menos lluvia, lo que favorece el consumo en exteriores. En Brasil e India, la mayor variabilidad climática complica la planificación operativa.
Costes. En todas las regiones, los costes de alimentos (café, ternera, pollo por la gripe aviar,…), energía y personal continuarán elevados, lo que estrecha márgenes y limita el uso del descuento como palanca. También alimenta a su vez subidas de precio a consumidor.
Si a todo lo anterior, que presiona la demanda, se suma una oferta de locales que sigue creciendo (especialmente en EE. UU. y Europa), el resultado es un 2026 exigente. Cuanto menos.
No son pocos los que le piden al año 2026 que, al menos, se quede como está.