Volar de Londres a Palma está más barato que el verano pasado. Y eso con el queroseno más de un 80% más caro desde que empezó la guerra (Reuters).
Las dos cosas son ciertas a la vez, y explican cómo se fija el precio de un billete.
En las rutas largas, el precio sube. Volar de Europa a Asia cuesta un 24% más que hace un año, según Google Flights. Con los aeropuertos del Golfo afectados por la guerra, quedan menos aerolíneas compitiendo en esas rutas, y las que siguen ahí pasan el coste del combustible al billete.
En las rutas cortas de ocio, baja. Ryanair, easyJet y Vueling mantuvieron muchos asientos hacia España e Italia, van cubiertos de combustible y bajan tarifas para llenar los aviones. Hacia Niza, Palma o Barcelona, los billetes han caído entre un 10% y un 30%, según Euronews.
Lo que decide el precio es cuántos asientos hay en cada ruta frente a cuánta gente quiere volarla en un momento del tiempo. El petróleo influye mucho menos de lo que parece.
La misma regla explica Estados Unidos. La quiebra de Spirit dejó menos competencia y la capacidad apenas crece, así que el precio se mantiene aunque el turismo extranjero caiga un 14% en abril, según la oficina nacional de turismo de EEUU. Los aviones siguen llenos con viajero doméstico.
El caso extremo es Heathrow. Funciona al 99% de su capacidad con solo dos pistas, según IBA, y British Airways controla más de la mitad de los slots. Como nadie puede añadir vuelos, volar de largo radio desde allí cuesta entre un 15% y un 23% más que desde el resto de Londres, según Airline Ratings.
El billete no va a bajar solo porque baje el petróleo. Bajará donde sobren asientos y se mantendrá donde no se puedan añadir.
Antes de esperar un billete más barato, ¡cuenta asientos!
*Este artículo es mío, no de ChatGPT. Está escrito con tiempo, cariño y datos.