Viajar por España siempre ha sido una excusa perfecta para opinar de política, de fútbol o de lo mal que se conduce en la provincia de enfrente. También hay excusas que están ricas.
Nos hemos dado un paseo por el país a través de sus platos más clásicos (y sus precios). Porque si hay algo que cambia más que el acento, es lo que cuesta comer.
Empezamos el día con un café en Albacete, donde aún se puede pagar menos de 1,20 €. Una cifra cada vez menos habitual en muchas otras ciudades, donde los 2.5€ casi ya ni se discuten.
De aperitivo, croquetas. Vigo ofrece algunas de las más baratas del país, por debajo de los 0,50 € la unidad. Mientras, en Madrid se fríen a más de 2,50 € cada una. Una diferencia nada desdeñable: cinco veces más entre una ciudad y otra.
Para comer, “la mejor y más guapa, la tortilla de patatas”. Se trata de uno de los productos más transversales del recetario nacional. En Alicante se puede encontrar por 1,50 €. En cambio, en Tarragona, en bocata puede pasar de los 11 €.
La hamburguesa, ya adoptada como clásico nacional, es uno de los platos con mayor dispersión de precios. En Ibiza, hay opciones que superan los 30 €. En el extremo opuesto, Pamplona: aún es posible pedir una hamburguesa sencilla por menos de 2 €.
Cenamos pizza, probablemente el plato más global. Curiosamente en Alicante, además de la tortilla más barata, también se sirve la pizza más cara del país. Elaborada con caviar y salmón ahumado, supera los 65 €. Ahí es nada.
España no solo es rica y diversa en su comida, también en sus cuentas.
*Este artículo lo he redactado yo, no ChatGPT. Está escrito con tiempo, cariño y datos.