Delivery de agregador: el plato que se atraganta al foodservice

No es lo mismo ser barato que ser low cost. La penetración basada en promociones ha desarrollado un mercado que no está dispuesto a pagar el coste real del servicio.

El impulso del Covid fue coyuntural: el canal no ha cambiado los patrones de consumo, no ha capturado horas valle y, en muchos casos, simplemente ha desplazado demanda existente. En paralelo, se ha comoditizado la decisión de compra: el cliente elige por promoción en un canal estructuralmente caro.

Esto genera una presión evidente sobre el ingreso. El precio efectivo está artificialmente reducido, la visibilidad dentro de las plataformas responde a dinámicas de pay-to-play y la relación con el cliente queda intermediada.

Al mismo tiempo, el modelo incorpora una restricción difícil de resolver: el coste logístico de la última milla. No es un modelo low cost y la escala no introduce apalancamiento suficiente; el coste por pedido presenta rigidez porque responde a una realidad física básica: mover un producto de A a B cuesta dinero.

A esto se suma complejidad operativa, dependencia de terceros y pérdida de control sobre cliente y experiencia. En un sector donde producto y experiencia son difíciles de disociar, esto erosiona (sin compasión) la propuesta de valor.

El resultado es un equilibrio dañino: caro para el consumidor, caro para las marcas y caro para el agregador. Un modelo concebido para escalar cuya rentabilidad no escala con él.

Se trata de un modelo que pretende ser masivo. Con pérdidas igual de masivas.

Apoyo el desarrollo del canal y creo en la oportunidad que supone para el sector. Pero no a cualquier precio. Las posibles soluciones las dejo para otro día.

*Como siempre, contenido escrito por mí (no por IA) con tiempo, cariño y datos. La imagen sí está generada con IA.

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