Como decía un profesor mío: “Miguel, explícala cortita y al pie”. Así que, cortita y al pie: hay casos de uso de IA que ya son muy rentables para las empresas de turismo. No futuribles ni hipotéticos, reales.
Veamos:
- Cuando el viajero busca: IA como generador de relevancia. Lo que no encuentre la IA, no existe. Sam Altman (Open AI) mencionó recientemente que estima menores comisiones de intermediación por la irrupción de la IA en el sector. Cambia totalmente el tipo de intermediación que conocíamos aunque muchas empresas seguirán apostando por un modelo digital tradicional malogrado.
- Cuando reserva: Algoritmos que definen el next-best-offer según perfil y disposición a pagar. Eso con lo que han soñado casi todas las empresas del sector desde hace una década. Importante: no se trata de recordar lo último que compró sino lo que con mayor probabilidad aumente su CLTV.
- Cuando disfruta: La automatización “hiperpersonalizada” como chatbots, AI travel companions, gestión de incidencias. En otras palabras, suaviza las fricciones clásicas del viaje, de forma eficiente y (quizás) rentable. Por cierto, y según Hilton, el 80% de los viajeros ya esperan esta personalización.
- Cuando recuerda: Modelos de IA aplicados al CRM para crear vínculo. Es decir, hacer de verdad y bien lo que muchos dicen que hacen desde siempre. La segmentación “RFM” se pasó de moda hace mucho tiempo, hoy ya necesita ser predictiva respecto del total del valor futuro del cliente.
En cambio, lo que más escucho es:
- Empresas que dicen que usan IA, por decirlo, por obligación o por entretenimiento.
- Empresas que dicen que usan IA y en realidad usan estadística “de la de toda la vida”.
- Gente que balbucea una marabunta de términos muy complejos, sin significado, para quedar bien en las reuniones o vender productos irrealizables.
Mucho lirili y poco lerele.
Si queréis leer algo con fundamento, os dejo aquí el artículo de mis socios Conrad Heider, Alexander Dyskin y Prasanna Kumar Ramaswamy. skp.link/pq91