El consumo funcional en restaurantes se resiente, pero no es nada nuevo. En mi opinión, la causa está repartida 50/50 entre consumidores y marcas.
El consumidor tiene sus razones para hacerlo: rutinas nuevas, más competencia (supermercado incluido) y más filtro más estricto con el gasto. Llámalo mayor consciencia de “value-for-money” (VFM) o simplemente “esto no vale lo que cuesta”.
Muchas marcas han tratado de capturar el consumo funcional del martes con el mismo enfoque que el sábado. Un “plug-and-play” de toda la vida.
Por ejemplo, disfrazar de menú del día un producto indulgente no es adaptarlo sino un parche. Además, uno que comoditiza lo que la marca había conseguido diferenciar.
El consumo es distinto entre semana (las diferencias entre día y noche dan para otro post). Busca velocidad, opciones más ligeras, una forma cómoda para llevar o quizá comer solo y a un precio justo, ¡no necesariamente bajo!.
Tres cosas que funcionan:
- Piensa en espacios de demanda, no solo en ocasiones consumo. La misma persona tiene muchas necesidades (y disposiciones a pagar) distintas en una misma semana.
- Adapta la oferta a la ocasión. Recuerda que el servicio debe ser rápido. Hay productos deliciosos pero que no sirven para generar consumo funcional o no son rápidos en cocina.
- Haz venta cruzada, especialmente si eres un grupo multimarca. Cruza datos entre marcas (meta-segmentacón), encuentra segmentos adyacentes y deja de hacer (tantas) campañas generalistas.
¿Con quién (y en qué) compite el supermercado? Versus ¿con quién (y en qué) compites tú?
Si peleas en precio con el supermercado, perderás. Deja de mirar solo el precio, mira si vales lo que cuestas. Desnatar tu producto para competir en precio es como pegarte un tiro en el pie.
Preocúpate por entender tu encaje en cada espacio de demanda. Si la oferta y el consumidor son adecuados, tu producto se venderá. Aunque sea más caro que la competencia.
*Este artículo lo he redactado yo, no ChatGPT. Está escrito con tiempo, cariño y datos.